DESPEDIDA DE SOLTERO

El sábado 18 de mayo, me encontraba en casa cortando el césped cuando de pronto mi esposa se dirige hacia mi con el teléfono en la mano diciéndome que me llamaba un ex-alumno. Se trataba de Antón Cruces, invitándome a participar en la despedida de soltero de Juan Carlos Domínguez (ex-alumno también). Le habían preparado en primer lugar un partido de baloncesto, supongo que con la intención de rebajar las cervezas que se tomarían después, ya que este siempre fue el deporte favorito de los que asistirían a la despedida. Me dice que salvo él nadie sabe de mi asistencia, que es una sorpresa para todos los demás. Indudablemente no me puedo negar, dejo de cortar el césped, me preparo y, con el tiempo justo, acudo (entusiasmado por encontrarme con ex-alumnos a los que hace tiempo que no veo) a la cita. El recibimiento fue… increíble… y cómo me lo pasé… todavía más increíble… Tengo que hacer una aclaración: creo que aprovecharon el encuentro para saldar viejas cuentas y abusaron muy mucho de la diferencia de edad; pero aún así me defendí con todos lo recursos disponibles a mi alcance. Eso sí, conseguí meter muchas más canastas que Antón, cosa poco meritoria, pero que alivia un poco la tremenda derrota. A continuación os añado el relato realizado por el ex-alumno periodista Antón Cruces en su blog, cuyo enlace es el siguiente: http://cartasa1985.wordpress.com/2013/05/20/harlem-grove-trotters/ RELATO: Octubre de 1989 El colegio es nuevo.  Apenas nos conocemos desde hace un mes y los grupos ya están formados. Perdurarán así durante mucho tiempo, pero yo eso, en 1989,  aún no lo sé. Una de las tribus del recreo son los que juegan al basket. Es la época de Jordan, de Magic Jonhson y de Malone. Juan Carlos, Collazo. Miguel Ángel y Joaquín se adscriben desde el primer momento a este grupo de deportistas. Yo busco mi hueco entre mis nuevos compañeros. Es la primera vez que juego con ellos al basket y me doy cuenta de que soy el peor jugador de baloncesto de la historia. Con diferencia. Ellos son unas máquinas. Juro no jugar nunca más. Así que me decanto por el fútbol. Soy peor si cabe. El deporte no es lo mío. Poco después aprendo a tocar la guitarra. Mientras tanto el Dream Team hace del partido diario su ritual. Durante la media hora que dura el recreo, el patio del colegio se transforma en el Staples Center y cada uno se mete en su papel. Gritos, deportividad, sudor, piques, faltas, triples…todos los ingredientes de una gran final. El profesor Don Juan y su bigote se dejan caer de vez en cuando por la pista para ofrecer algo de motivación.  -¡Collazo eres un paquete! Cinco años de convivencia y cientos de recreos dan para muchas pachangas. Y para estrechar lazos. Lazos casi indestructibles.  24 años después Han pasado 24 años desde aquellos partidos. La vida nos ha llevado a cada uno por diferentes caminos, pero seguimos buscando tiempo para vernos de vez en cuando. El basket ya no es lo que era, dice Juan. Nosotros tampoco. Hace unos meses nuestro Jordan particular anunció que se casaba. Si por mí fuera me lo hubiese llevado a Los Ángeles una semana entera a ver partidos de Los Lakers al lado de Jack Nicholson, pero la cosa está como está. Así que le organizamos una pachanga sorpresa con los mismos protagonistas de 1989. No da crédito. Juego con ellos por primera vez desde aquella lejana mañana de octubre. He tomado muchas decisiones equivocadas en mi vida. Dejar de jugar al baloncesto no está entre ellas. Sigo apestando. Juro no volver a practicar este deporte por segunda vez en un cuarto de siglo, pero ya es tarde. Aunque más mayores, el que tuvo retuvo. Como nunca tuve…sigo sin tenerlo. Además me tuerzo un dedo y aún me duele. Ahí están…como siempre…Miguel, Collazo y Juan Carlos. Jugando al baloncesto. Así es como les recordamos la mayoría. Juan Carlos y yo contra los otros dos. Jugamos tres partidos a 21 puntos. Perdemos los tres. Evidentemente por mi culpa. Anoto seis puntos, los mismos que unas horas después consigue El Sueño de Morfeo en Eurovisión, o sea una debacle. El que se casa en julio sigue sin creérselo. Está feliz, pero aún tengo un as en la manga para sorprender a mi colega. A lo lejos veo que la guinda del pastel acaba de llegar. Le hago un gesto a Miguel para que me pase el balón mientras le señalo con la cabeza hacia la dirección por la que se acerca nuestro hombre misterioso. Él se percata de la situación y me mira con complicidad. El Jordan de O Grove no se da cuenta de nada. Va a flipar. Miguel y yo no jugamos en el mismo equipo, pero me pasa la bola. El homenajeado no entiende nada. Yo sonrío y lanzo la pelota…Juan la sigue con la mirada. Dos manos fuertes ponen freno a la trayectoria. Ahí está Don Juan.

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Si esto fuese una telecomedia norteamericana en este momento se escucharían aplausos y gritos de admiración. La estrella invitada. A pesar de todo ha sacado tiempo para juntarse con cuatro tipos de la primera promoción del colegio y recordar viejos tiempos. Hay abrazos y palmaditas en la espaldas, pero sobre todo… hay partido. Vuelven los piques y los triples. Los vaciles y los abrazos. Los tapones y las faltas. Como siempre. Don Juan sigue manteniendo intacto el espíritu competitivo. Me alegro, pero ya me da igual. Estoy cansado, tengo hambre y echo de menos a Antonio el cocinero con los bocatas. Ahora me vendría muy bien uno. Un grito me saca de 1989 y me trae de vuelta a 2013.  -¡Collazo eres un paquete! Hay cosas que no cambian nunca. No esperaremos 25 años para echar otra pachanga. Somos los Harlem Grove Trotters.

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Una respuesta a DESPEDIDA DE SOLTERO

  1. Quiero desmentir públicamente que el paquete del profe Juan consiguiese anotar más puntos que yo.

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